¡Club De Valientes!

El soldado flojo

Hace una vez en una tierra muy cercana vivía un soldado llamado Benito. Benito era un sargento en el país en el ejército de Zuza. Sargento Benito era un trabajador duro y cuidaba de tener todo en orden, que su rifle fuera bien cuidado y que todos sus órdenes fueros seguidos. Sargento Benito trabajaba horas largas para asegurarse que todo fuera terminado y que todo estuviera seguro. La gente de Zuza dormía mejor sabiendo que el Sargento Benito estaba trabajando. Un día un oficial importante del país del ejército de Zuza se dio cuenta que el Sargento Benito hacía un muy buen trabajo. El habló con otros oficiales y ellos decidieron que iban a mandar al Sargento Benito a la Isla de Lakalaka. En la Isla de Lakalaka, los soldados no trabajaban duro y casi nunca terminaban su trabajo. La isla no estaba segura y el rumor es que ese sería el primer lugar que iba a ser atacado si es que empezara una guerra. El Sargento Benito sería de mucha ayuda para la isla. El Sargento Benito con alegría aceptó sus órdenes nuevos tal como siempre lo hacía. Cuado el Sargento Benito llegó a la Isla de Lakalaka, el no podía creer lo que veía. Los uniformes que tenían los soldados estaban sucios, sus rifles estaban cubiertos con tierra y suciedad, sus zapatos necesitaban ser brillados y la mayoría de ellos estaban acostados mientras bebían limonada en la sombra. Sargento Benito gritó, “¿Qué tipos de soldados son ustedes?” Los soldados se reían y le dijeron a Benito que no se preocupara y le preguntaron quien era el para hablarles así. Le dijeron que si el tenía un problema que el debería ir a ver al oficial de la isla. El Sargento Benito marchó a la casa del oficial y pidió que hablara con el. El nombre del oficial era Sr. Apático y el Sargento Benito se dio cuenta que el Sr. Apático estaba en peor condición que los soldados de Lakalaka. ‘Si, ¿cómo puedo ayudarle?” bostezó el Sr. Apático. El Sargento Benito le explicó como los soldados eran sucios y que la isla era insegura cuando el Sr. Apático le interrumpió, “si, si, lo que sea. Por favor regresa para hablar conmigo después de que coma porque necesito tomarme una siesta ahora.” Sargento Benito regresó después de la comida y le dijo que regresara después de la cena. Cuando el regresó después de la cena, le dijo que regresara después del desayuno. El Sr. Apático estaba jugando y no tenía tiempo para hablar con el. Esto pasó por unos cuantos días. Los días se convirtieron en semanas y el Sargento Benito trató de hablar con los soldados pero ellos solo se reían y le preguntaban que quien lo hizo jefe de ellos. Después de un mes así, el Sargento Benito empezó a pensar que talvez estaba trabajando demasiado duro. La isla era hermosa y tenía muchos lugares hermosos y tenía muchos lugares para nadar. Benito decidió que el iba a tomarse el día para ir a nadar. Después de nadar, el tuvo hambre y decidió comer muchos. Después de comer decidió tomarse una siesta bien larga. Sargento Benito se sintió mal por hacer esto pero lo más que lo hacía, lo más fácil era para no hacer nada importante. Pronto, Benito hizo esto cada día y su rifle estaba tan sucio que tenía lodo aplastado en el. No podía encontrar sus botas y su camisa estaba rota y necesitaba cepillar su cabello. Benito se acaba de despertar de su siesta cuando sonó la alarma. La isla de Lakalaka estaba siendo atacada. Benito saltó y empezó a correr hacia la base del ejército donde pensó que había dejado su rifle pero no podía correr tan rápido porque no estaba fuerte. El enemigo derrotó a los soldados de Lakalaka y ni una persona sobrevivió Nosotros también estamos en un ejército, el ejército de Dios. Necesitamos asegurarnos que estemos hacienda ejercicios por medio de leer nuestras Biblias, orando, pensando en Dios y ayudando a otros. Muchos pueden distraernos pero necesitamos poner a Dios primero. Puede ser fácil no leer la Biblia pero podemos pensar que es más divertido jugar con nuestras bicicletas o jugar los juegos de video. No es malo hacer esas cosas, pero necesitamos poner primero a Dios. Algunas personas no entienden la importancia de la oración, pero el leer la Biblia y pensar en Dios así que no siga sus ejemplos malos. Dios quiere lo mejor para nosotros y El quiere que hagamos ejercicios. ¡Y esa es una orden soldado!

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